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microMUNDOS

Los micromundos son cosas que me vienen a la cabeza y que no se sabe de dónde proceden. Entre ellos puedes encontrar reinos edificados sobre el poder de una corona de boquerones o la crónica de una banda de caniches criminales en el Chicago de los años 20. Yo qué sé, no preguntes.

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  • Álex Garrido

Palmiro el Vacuo era el Señor del Vacío. Como tal, todos los demás señores se cachondeaban de él, pues no podía tener propiedades en el vacío. A ver dónde las apoyaba. Le hacían chanzas del tipo “¡a ver cuándo nos invitas a tu chalet!”, sabiendo perfectamente que en el vacío no pueden asentarse los cimientos de ninguna casa. O “te lo pasarás bien conduciendo a toda hostia por ahí, con todo el espacio que tienes”. ¿Cómo iban a hacer fricción las ruedas para poder mover el coche? Sí, Palmiro el Vacuo sabía que se choteaban de él, y no le hacía ni puta gracia. Pero era el Señor del Vacío, así que decidió usarlo.


Primero, les hizo notar a todos los demás señores cada hueco sin llenar que había en sus mansiones. Esto les puso nerviosos y, poco a poco, las decoraciones minimalistas que tanto les gustaban se fueron volviendo cada vez más barrocas, las estancias abarrotándose cada vez más y más de sillas, estanterías, lámparas y cuadros. Pero el Señor del Vacío argumentaba que todo el hueco que no estuviera ocupado estaba VACÍO, y por lo tanto era dudoso que fuera propiedad de los otros señores. Así que estos se afanaban por llenarlo aún más.


Finalmente, llegó el punto en el que no podían entrar en sus propias casa, tan llenas como estaban de cacharros; ni en sus propios jardines, que estaban abarrotados de tumbonas, pagodas, elefantes y plantas. Los señores ya no se cachondeaban tanto de Palmiro el Vacuo, pero este no estaba satisfecho.


ꟷ ¿Sabéis que casi todo el espacio dentro de un átomo es vacío? ꟷ les decía ꟷ ¿Y que el espacio entre átomo y átomo es vacío también? Hasta ese candelabro de oro está hueco en realidad.

Y los señores le daban el candelabro, asqueados. Palmiro lo tiraba a la basura, porque no podía ponerlo en su vacío, claro, pero se regodeaba. Finalmente, los demás señores no pudieron soportar el vacío que sentían dentro de sí mismos e intentaron llenar los huecos entre sus átomos de cosas: mascotas exóticas, yates, libros, lo que fuera.


Fue desastroso, claro: los átomos necesitan su vacío para funcionar. Murieron todos. Palmiro el Vacuo, Señor del Vacío, sonrió por fin. Pero a los cinco minutos ya se aburría de aquel mundo sin nada ni nadie. Por primera vez, sintió su vacío.

En las raspas de tu cuerpo

descubrirás la verdad,

pues solo las raspas quedan.

Es más, las raspas

se convertirán en polvo, de

modo que en el polvo descubrirás

la verdad. El polvo,

de hecho, se dispersará, se

volverá tan fino que desaparecerá.

De modo que en

el vacío descubrirás la

verdad. Lástima que tus

ojos no puedan ver el

vacío. Tus ojos están hechos

para ver cosas. Tus manos están

hechas para tocar cosas,

no el vacío. Tus oídos

oyen sonidos, no la nada.

Por eso, tu condena es no poder

ver lo que eres, sino solo lo

que no ves. La vida es un

largo ejercicio de descarte,

si quieres llegar a conocerte.

Esto no, esto no, esto no.

Cuando ya no quede nada por descartar,

eso que queda eres tú.

  • Álex Garrido

Come mandarinas bajo tu propia responsabilidad. Esas cosas pueden explotar. Se parecen demasiado a granadas, y una vez fui a pelar una y me saltó un chorro de ácido al ojo. Llámame quisquilloso, pero yo esas cosas me las tomo como una advertencia. Desde entonces, dedico mi vida a advertir a la gente desde mi plataforma “Murderinas: las mandarinas y su plan para matarnos a todos”. Hacemos sentadas en las puertas de fruterías y, sobre todo, vamos a colegios a gritar a los niños, porque aún hay muchos padres que les dan a sus hijos estos artefactos potencialmente explosivos. Yo sé que asusto a los niños cuando les grito en la oreja al sacar mandarinas, pero es que el miedo es la única respuesta sensata a la amenaza.


Hasta el día de hoy, calculo que he salvado unos 30 trillones de vidas. He llegado a este número incluyendo los descendientes de esos niños hasta dentro de 5000 millones de años, cuando los científicos calculan que explotará el sol o, como yo lo llamo, la Gran Mandarina. En mis cálculos he asumido que la población seguirá creciendo al ritmo actual, con lo cual me sale que dentro de 5000 millones de años habrá tantos humanos que no cabrán en el universo, ni siquiera teniendo en cuenta que se expande.


Espero que, para entonces, a alguno de ellos se le haya ocurrido cómo transformar nuestras mentes en energía, para ocupar menos espacio. Así, también, prescindiendo de nuestros cuerpos, será más difícil que las mandarinas nos hagan daño. Salvo que ellas también evolucionen a un plano de existencia no material, claro. Pero bueno, eso es un problema que deberán resolver las generaciones futuras. Yo, de momento, cumplo con mi parte: gritar a los niños.

© 2020. Álex Garrido.

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