microMUNDOS

Los micromundos son cosas que me vienen a la cabeza y que no se sabe de dónde proceden. Entre ellos puedes encontrar reinos edificados sobre el poder de una corona de boquerones o la crónica de una banda de caniches criminales en el Chicago de los años 20. Yo qué sé, no preguntes.

La brillantez de los dromedarios no está en su joroba, a pesar de que eso sea lo que tiene fama. La brillantez de los dromedarios está en que, si no les gustas, te escupen a la puta cara.

  • Álex Garrido

Peter Pan es en realidad una monstruosa foca. En serio, era DESCOMUNAL. ¿Descomunal es lo contrario de comunal? ¿Era algo comunal que han privatizado? Bueno, en cualquier caso Peter Pan era una foca enorme. No estoy diciendo que fuera gordo (que lo era), sino que era literalmente una foca. Nadie sabe cómo llegó a liderar a esos niños. Probablemente porque eran niños, claro, y los niños para algunas cosas son un poco tontos. Pero hasta los niños llega un momento en que se dan cuenta de que no es normal que haya una foca enorme dándoles órdenes. Porque esa es otra, era un déspota de cuidado. A ver quién le llevaba la contraria, te metía un meneo con todo su enorme peso que te dejaba idiota. El caso es que, cuando murió la foca, los niños supervivientes se inventaron lo de Peter Pan, la eterna juventud, las hadas y todo eso. Y es que a nadie le agrada quedar como un imbécil que se ha dejado mangonear durante años por una foca.

La corona de boquerones, o boqorona, es un artefacto rúnico de gran poder que los gatos desenterraron en una excavación arqueológica de Babilonia. Al parecer, otorga a quien se la pone el control de un ejército de ratones demoníacos especializados en roer muebles de IKEA, pero también en cosas de guerras, como matar y tal.

Los gatos, que son unos pícaros, utilizaron sabiamente este poder: Pelusillas V se puso la corone e inmediatamente les dio órdenes a los ejércitos ratoniles de que mandaran un destacamento de diez soldados a su comedor. Los ratones demoníacos, obedientes a su amo, fueron a la estancia y se encontraron con Pelusillas y sus nueve consejeros, que procedieron a coger cada uno un ratón y cenárselo. Pelusillas V dictaminó: "no están especialmente buenos, pero podemos invocar todos los que queramos, cuando queramos". Así dio comienzo una era de prosperidad y expansión territorial para los gatos, auspiciada por el poder sobrenatural de la corona de boquerones.

Los soldados ratoniles se sentían imbéciles, llegó un momento en el que todos en el inframundo sabían que no estaban luchando en ninguna guerra despiadada, sino que todos esos hermanos a los que llamaban a filas y no volvían estaban siendo devorados. Pero poco podían hacer, la boqorona les controlaba.

Bigotitos I, un descendiente de Pelusillas V, fue un monarca más ambicioso que ningún otro. Tenía todo lo que se puede tener en el mundo, riquezas, territorio, poder, snacks de ratones demoníacos a todas horas... pero había una cosa que no podía tener. Uno de los ratones invocados como desayuno plantó la semilla de la insatisfacción en él antes de ser devorado. "Por mucho poder que tengas, hay una cosa que nunca podrás comer, pringado de mierda" (como iba a morir, el ratón demoníaco se permitía muchas licencias, su yugo con la corona de boquerones le obligaba a obedecer, no a ser amable). "Rata infecta, puedo comer lo que desee en este mundo, y ahora lo que deseo es comerte a tí, por lista". "Ja", replicó el ratón, "¿ves esos suculentos boquerones que hay en la corona? Jamás podrás probarlos". Bigotitos I se quedó boquiabierto, mirando al ratón demoníaco, y luego le devoró a dentelladas en un ataque de furia. Pero la duda ya había anidado en su interior.

Solo fue cuestión de tiempo que Bigotitos le diera un pequeño lametón a uno de los boquerones. Y, una vez lo hubo probado, fue peor. "¿Qué clase de poder omnipotente es este, que no puedo comerme un puto boquerón?", se le oyó clamar. Al final se comió los boquerones de la corona, claro, y con ellos desapareció el poder que encadenaba a los ratones demoníacos.

Al ser liberados, los ratones montaron una plataforma para afectados por el genocidio felino y cosieron a demandas a los gatos, que vieron como todo lo que habían amasado se perdía en compensaciones.

Y luego ya fue la revolución francesa y todo eso.

© 2020. Álex Garrido.