Lovecraft
- Álex Garrido
- hace 20 horas
- 2 Min. de lectura
Howard Phillips Lovecraft escribió todos sus relatos metido en un armario. Es bien sabido que el maestro del terror sufría de un miedo existencial que calaba toda su vida. Lo que no es tan sabido es que el único sitio en el que se encontraba un poco a salvo del horror era dentro de su querido armario Betty. Su incapacidad para enfrentarse al mundo fue creciendo hasta que llegó al punto de no salir del armario durante semanas. Sobrevivió a base de los asados que le subía su madre, a la que llamaba Chtulu, usando velas y meando en las botellas de leche vacías (que luego se llevaba su madre). De esta época son sus mejores relatos de terror cósmico: Los abrigos oscuros, Los calcetines que llegaron del espacio, La percha misteriosa y demás.
Lovecraft usaba los elementos que tenía a mano para crear su universo personal. A la muerte de su madre, por lo que sea, no logró encontrar esposa, así que ya nadie le llevaba velas ni le retiraba las botellas con pis. El pobre H.P. tuvo que empezar a limpiar sus propios desperdicios y a hacerse la comida, pero el miedo cerval al mundo, al cosmos entero, seguía paralizándole. Tuvo una idea: convertiría su casa entera en un armario. Dicho y hecho, con unos trabajos de carpintería instaló barras por todas partes para colgar perchas, zapateros en todas las habitaciones y vació tres Zaras para llenar la casa de ropa. Se sintió mucho mejor de inmediato. Los horrores cósmicos jamás se atreverían a entrar ahí. Este es el periodo de su prosa de transición como Las montañas de ropa sucia de la locura.
No duró mucho. Con su recién estrenada libertad de movimientos, H.P. se vino arriba. Decidió que, si su casa podía convertirse en un armario, ¿por qué no su pueblo? ¿Por qué no el estado entero? ¿Su país? ¿Por qué no el mundo? H.P. hizo muchas pruebas, que le causaban gran sufrimiento mental, pero perseveró. Probó a salir lleno de perchas, a llevar colgadas de los brazos distintas prendas, así hasta que perfeccionó su “armarizador portátil”: una serie de baldas flotantes, con barras para perchas, que hacían que todo a su alrededor se convirtiera automáticamente en un armario. Donde quiera que fuera, H.P. estaba por fin a salvo de los innombrables. Así llegó a la cima de su pensamiento, El mundo es un armario, y se convirtió en el orador motivacional que todos conocemos hoy, animando a miles de personas de todo el mundo a crear sus propios armarios de protección cósmica contra los horrores sin rostro.

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